Es una realidad común y frecuente, que la razón por la que muchas parejas se divorcian es la infidelidad de uno de los cónyuges, quien ha sostenido una relación extramatrimonial (o varias) por cierta cantidad de tiempo, hasta que un día la verdad -que no soporta estar oculta-, surge a la luz del día y truena la bomba… Tarde o temprano explota, quedando expuesto el secreto; esparciendo su hedor de dolor y traición encima de todos los involucrados. Entre esos involucrados están los hijos, que experimentan una gran confusión y afectación por una situación como esta.
Independientemente de mi total rechazo y desaprobación hacia la infidelidad, están los hechos: secretos, mentiras, estrés, ansiedad, traición, dolor, es lo que siempre la acompaña. Cuando por esta causa se produjo tu divorcio, es muy pero muy importante que lleves a tus hijos a recibir ayuda profesional, para que puedan superar esta fuerte, confusa y dañina experiencia, que de otra manera les podría afectar mucho por el resto de su vida. La ayuda profesional les traerá grandes beneficios; si bien posiblemente no cure el daño al 100%, por lo menos sí lo hará en un buen nivel, para que no les arruine su vida emocional y de pareja a nuestros hijos.
En este capítulo, aclaro, trataré exclusivamente la situación de cuando comenzamos una nueva relación de pareja después del divorcio. Las recomendaciones que iré ofreciendo a lo largo de este apartado, se refieren específicamente a esta situación. Así mismo, estas son aplicables al modelo en el que la pareja no vive junta. En el capítulo siguiente, hablaré de la relación con la nueva pareja, cuando ha habido segundas nupcias.
Todos los seres humanos tenemos el derecho de tener una pareja, si así lo deseamos.
Por diferentes razones, (personales, culturales o religiosas), muchas personas divorciadas se niegan a sí mismas el derecho de tener una nueva relación de pareja; otras se lo permiten. Esto no es cuestionable ni enjuiciable. Cada quien debe ser fiel a sus creencias y convicciones y hacer lo que funcione en su vida.
Para aquellas personas divorciadas que deciden abrirse a la oportunidad de tener una nueva relación de pareja, hay importantes aspectos a tener en cuenta, en la forma en que manejan este asunto con sus hijos.
En primer lugar quiero dejar muy claro que todas las recomendaciones que haré en este capítulo, respecto al tema de la nueva pareja, son aplicables a la situación de una relación formal y de compromiso. Algunas personas divorciadas salen con varias personas antes de formalizar una relación. Eso es asunto de cada quien, pero jamás es recomendable que involucres a tus hijos en cada una de esas relaciones o les estés presentando a una y otra persona, porque los meterás en un estado de confusión muy difícil de manejar y asimilar. Recuerda que tus hijos están viviendo una situación difícil por el divorcio y hay que tener la delicadeza de “complicarles” la vida lo menos posible. Así mismo, cuando se es niño o joven, es difícil entender que alguien pueda tener relaciones con varias personas, y aun mucho más difícil será comprenderlo, cuando esa persona es su padre o su madre.
Así pues, cuando después de tu divorcio has decidido formalizar una nueva relación, el tiempo ideal para introducir a la nueva pareja a tus hijos, es mínimo un año después. La razón es muy simple: antes de ese tiempo, tus hijos se encuentran sumergidos en medio de su proceso de duelo por el divorcio. Agregar el “trabajo” de asimilar que papá o mamá tiene nueva pareja, les hace mucho más difícil la consumación y cierre de dicho duelo. Es necesario entender que los procesos de duelo son eso: procesos, y como tales, no terminan de la noche a la mañana. Se requiere de tiempo y “un ganchito” para cerrarlos exitosamente.
Muchos padres y madres cometen el error de, no sólo tener nueva pareja casi de inmediato (o desde antes del divorcio), sino de tratar de incluir a la misma en las actividades con sus hijos, y hasta esperar o “exigir” que sus hijos estén felices con la idea, y “adoren” a su pareja, y si esto no sucede, se enojan con ellos. Y aun peor, algunos padres y madres desean que sus hijos consideren a su nueva pareja como “su mamá o su papá” y le llamen así, provocando un gran conflicto interno en ellos, porque ya tienen un padre y una madre a los que aman; ser inducidos a suplantar su lugar con otra persona, les duele profundamente, y les hace sentir que traicionan a los de verdad. Es ridículo y cruel esperar de nuestros hijos todo esto. Los hijos simplemente no pueden cumplir con estas expectativas respecto a la nueva pareja de sus padres.
La persona divorciada misma, necesita tiempo para procesar su propio duelo y todos los sentimientos involucrados en el mismo (culpa, enojo, dolor, etc.); tiempo para aprender lo que esta experiencia le trae y para hacer todo lo necesario para cerrar ese capítulo, antes de abrir otro. Eso sería lo ideal. No obstante, como adulto que es, la persona divorciada puede hacer lo que le venga en gana en relación con el tema de la nueva pareja, y tenerla cuando y como lo desee, pero por favor no la involucres en la vida de tus hijos antes de un año. Aquí yo estoy hablando por ellos, que no pueden procesar este asunto hasta que el tiempo sea el adecuado. Tratar de involucrarlos con una nueva pareja a destiempo, a mí hasta me parece cruel.
Una pareja se divorció. A los 3 meses el papá llevo a cenar a su hija de 13 años y a su nueva novia, para que se conocieran. La chica estuvo seria durante toda la velada, mostrando una incomodidad que se le notaba hasta al respirar y sólo hablaba para responder con monosílabos a las preguntas que le hacía su papá o la novia de este. Al final de la cena, la novia le dijo “indignada” que no le iba a rogar para que se llevaran bien, que ella sólo quería hacer feliz a su padre, pero no podría hacerlo, si ella no cambiaba su actitud.
¡A veces me impresiona lo tontos que somos! En primer lugar, es normal que esa adolescente tuviera esa actitud (3 meses de divorcio), y no sólo la hicieron sentir mala y culpable por ello, sino responsable de que la mujer pudiera hacer feliz a su papá, como si eso de pendiera de la hija, y no de la capacidad de la tonta novia para hacer feliz a su pareja. De tal manera que si esa relación no prosperaba y se terminaba, la hija se iba a sentir culpable porque “por su actitud”, la mujer no pudo hacer feliz a su papá… ¡Por Dios!… ¡Es sentido común!
Cuando ya ha llegado el momento, es importante la forma en que se les habla a los hijos del tema y se les presenta a la nueva pareja. Hay que aclararles que no es el sustituto de su papá o mamá, sino sólo pareja de los mismos. Nunca hay que imponerles que quieran a la persona, ya se dará el momento o tal vez no; esto despenderá de muchas circunstancias. No obstante, es un hecho que hasta pueden llegar a quererla, respetarla y disfrutar de su compañía.
Es también un gran error el prohibirles que aprecien o hasta quieran a la nueva pareja de mamá o papá. Estos pueden estar muy enojados o celosos, pero no deben cargar estos sentimientos sobre sus hijos y convertirlos en “aliados” de su veneno y sus planes de venganza ni nada por el estilo. Ni siquiera es recomendable que hablen mal de la nueva pareja de su ex, frente a sus hijos. Se necesita sin duda ser maduro y sobre todo, tener un verdadero interés en el bienestar de ellos, para tener actitudes adultas como estas.
Cuando mi ex esposo comenzó a tener una relación formal con su actual esposa y se la presentó a nuestros hijos, comenzaron a salir a restaurantes y a diversos lugares. Yo decidí, por el bien de ellos, decirles: “hijos, tienen todo mi permiso para querer a…[1] y pasarla muy bien cuando estén con ella”. El hacer eso libera a los hijos de la angustia que pueden llegar a experimentar cuando el hecho de que les agrade la nueva pareja de su mamá o papá, signifique entrar en conflicto con el otro (padre o madre), que se sentirá traicionado, y por consiguiente, los hijos se sentirán traidores. Nuestros hijos tienen derecho a sentir aprecio por la nueva pareja de su madre o padre, y esto no significa que ya nos amarán o que el lugar que ocupamos en su vida y en su corazón, será usurpado por la nueva pareja.
No es un mito, sino una realidad, que podemos llegar a llevarnos bien y hasta sentir aprecio por la nueva pareja de nuestra/o ex. En mi caso personal, siento un gran respeto y genuino cariño por la esposa de mi ex marido y sé que ella siente lo mismo hacia mi. En realidad ella lo ha hecho fácil, porque es una buena mujer que siempre ha sido amable y amorosa con mis hijos, y siempre ha respetado mi lugar, tal como ye he respetado el suyo. Esta relación “decente, madura y digna” entre uno mismo y la nueva pareja, hace las cosas mucho más fáciles para nuestros hijos. Pero se necesita madurez y mucho amor por ellos para lograrlo.