Recuerdo una ocasión cuando estaba yo viajando con mi maestro. El jefe de la estación de ferrocarril de un pueblo por el que pasamos, se me acercó y me dijo:
“señor, dame algo para practicar y te prometo que lo seguiré fielmente”.
Mi maestro me dijo:”Dale algo definitivo para practicar”. Yo le respondí: “¿cómo puede un ciego guiar a otro ciego?, será mejor para él que tú lo instruyas”.
Entonces mi maestro le indicó: “A partir de éste día, no mientas, practica ésta regla fielmente durante los próximos tres meses”.
La mayoría de los empleados de la estación del ferrocarril en esa área eran deshonestos y aceptaban sobornos. Pero este hombre decidió que él ya no aceptaría sobornos ni mentiría.
Esa misma semana, un supervisor vino a investigarlo a él y a sus ayudantes. El jefe de la estación respondió honestamente a las preguntas del supervisor. Esta investigación trajo serios problemas al personal. Todos los empleados que habían aceptado sobornos, incluyendo él mismo, fueron procesados. Él pensó: “sólo han pasado treinta días y mira las dificultades en las que estoy. ¿Qué me irá a suceder en tres meses?”
Pronto, su esposa e hijos lo abandonaron. En un mes, su vida se había derrumbado como una casa de cartón con un simple toque.
El día en que el jefe de la estación estaba en esa gran agonía, mi maestro y yo estábamos a 300 millas de distancia, a la orilla de un río llamado Narbada. Mi maestro estaba acostado bajo un árbol, cuando repentinamente comenzó a reír. Me dijo: ¿”Sabes que el hombre al que le aconsejé no mentir está en la cárcel ahora?”
Le pregunté: “¿entonces porqué te ríes?” y él me respondió: “no me río de él, ¡me río de lo tonto que es el mundo!”
Doce personas en la oficina de ese hombre se juntaron y dijeron que él era un mentiroso, aunque él había dicho la verdad. Ellos lo acusaron de ser el único culpable de aceptar sobornos. Dejaron libres a los demás y a él lo llevaron a la cárcel.
Cuando fue a la corte, el juez lo miró y le preguntó: ¿”dónde está tu abogado?”
“No necesito uno”, el hombre le respondió.
El juez dijo: “pero yo quiero que alguien te ayude”.
El jefe de estación respondió: “No, no necesito abogado, quiero decir la verdad. No importa cuántos años me ponga tras las rejas, yo no mentiré. Yo solía aceptar sobornos, luego conocí a un Maestro que me dijo que nunca mintiera sin importar qué pasara. Mi esposa e hijos me dejaron, he perdido mi empleo, no tengo dinero o amigos y estoy en la cárcel Todas estas cosas han pasado en un mes. Tengo que examinar la verdad por dos meses más, sin importar lo que suceda. Señor, si me pone tras las rejas no me importa”.
El juez ordenó un receso y llamó al hombre a su oficina. Le preguntó: “¿Quién es el maestro que te dijo eso?”
El hombre lo describió. Afortunadamente, el juez era un discípulo de ese maestro. Absolvió al jefe de la estación y le dijo: “Vas por el camino correcto. Aférrate a él. Yo desearía poder hacer lo mismo”.
Al terminar los tres meses, el hombre no tenía nada. El día exacto en que se cumplieron los tres meses, él estaba sentado tranquilamente bajo un árbol, cuando recibió un telegrama que decía: “Su padre tenía una gran parcela de tierra que hace mucho tiempo fue tomada por el gobierno, el cual ahora quiere darle una compensación.” Le dieron un millón de rupias (alrededor de 100,000 dólares). Él no sabía acerca de esa tierra, que estaba en otra provincia. Pensó: “hoy, he completado los tres meses sin mentir y he recibido una gran recompensa.”
Le dio la compensación a su esposa e hijos, y ellos felizmente dijeron: “queremos regresar contigo”.
“No”, dijo él, “Hasta ahora sólo he visto lo que pasa por no mentir durante tres meses. Ahora quiero averiguar qué pasará si no miento el resto de mi vida.”
La verdad es la meta última de la vida humana, y si es practicada con la mente, la palabra y la acción, la meta puede ser alcanzada. La verdad puede ser alcanzada practicando el no mentir y dejando de realizar aquellas acciones que van contra nuestra conciencia.
La conciencia es la mejor de las guías.
Traducido de “Living with the Himalayan Masters” SWAMI RAMA.
Himalayan International Institute of Yoga, Science and Phylosophy of the U.S.A. 1978 Honesdale, Pennsylvania. Pages 64-66.