Es importante conocer que estas dos cosas son comunes y normales:
1.- Que los niños rechacen determinados alimentos y sólo quieran consumir algunos.
Existe un fenómeno llamado “neofobia” que significa miedo a lo nuevo.
En los niños de alrededor de 1 a 2 años, esta se manifiesta con intensidad en relación a su rechazo por los alimentos y los sabores nuevos. La naturaleza es muy sabia; los científicos han concluido que la neofobia protege a los niños de esta edad –que es cuando empiezan a caminar y a explorar el mundo por si mismos- de ingerir alimentos tóxicos, de tal forma que la neofobia es un mecanismo de sobrevivencia.
En los niños de 3 a 5 años, se observa que sólo aceptarán sabores nuevos cuando los han probado más de seis veces. En cambio los niños mayores tienen menos resistencia a probar alimentos nuevos, aunque terminen sin gustarles, pero por lo menos se atreven a probarlos.
Siempre me he cuestionado el porqué a los niños no les gustan las verduras. Encontré una información muy interesante proporcionada por investigadores de la universidad de Granada, España, en la que explican que el sabor un poco amargo del calcio, que está muy presente en verduras como las espinacas y acelgas, la col, la cebolla, el brócoli, puede ser un factor que hace que el sabor de dichas verduras resulten desagradables para los niños.
Por lo general, ese disgusto por los sabores nuevos y por las verduras, se desvanece por sí mismo al paso del tiempo. Recuerdo cuando yo era niña, sólo me gustaban un par de cosas y nada más; las verduras, ¡ni de lejos! Poco a poco eso fue cambiando por sí sólo, y antes de la pubertad ya comía prácticamente de todo y lo disfrutaba.
2.- Que tengan etapas en las que comen muy poco, como si su apetito se hubiera escapado por la ventana. Entre los 2 y los 6 años, pasan por varias etapas respecto a la comida: episodios de falta de apetito, episodios de gran apetito. Por lo general, sus etapas de inapetencia se regulan de forma espontánea y no son causa de problemas de desnutrición en los niños. Estas situaciones son normales; sin embargo, el hecho de que sus niños no coman las cantidades y alimentos que los padres consideran “adecuados”, a muchos los llena de preocupación y temor de que se pueda enfermar o desnutrir. Si ese es tu caso, te recomiendo que consultes con el pediatra para que examine a tu hijo y te de las recomendaciones que considere pertinentes. Por mi parte, te ofrezco lo siguiente:
Recomendaciones que pueden ayudar:
m) La hora de la comida debiera ser tranquila y agradable. Dale una buena revisada a las situaciones que evitan que así sea, y trata de modificar todo lo que esté en tus manos para lograrlo.
b) Involucrarlo en el proceso de servir la comida, según su edad y capacidades, puede motivarle a comer.
c) Usa tu imaginación y creatividad para propiciar que coman las verduras o esos alimentos que rechazan pero que son buenos para una completa nutrición. Yo veo que mi hija Marcia le pone a la salsa de la pasta algunas verduras como calabacitas y zanahorias, que muele junto con los demás ingredientes. Mi nieto las come feliz de la vida. También corta gajos de manzana y les pone encima crema de cacahuate (sin azúcar), lo cual le encanta a mi nieto. Así mismo, le forma banderillas con cuadritos de queso y un tomate cherry consecutivamente, ensartados en un palito; esa es la única forma en que el niño acepta comer tomate. La idea pues, es que busques la forma de enmascarar las verduras y otros alimentos que consideras importante que coman, con salsas, cremas y cualquier otro ingrediente.
d) Revisa cuáles son tus reacciones cuando tu hijo se niega a comer. ¿Le das la comida en la boca? ¿Le insistes verbalmente en que coma? ¿Le amenazas con que no habrá postre o no lo llevarás al parque? ¿Lo regañas, o peor aún, le pegas? Todas estas son formas de darle atención. Cuando un niño se vuelve la estrella a la hora de comer, cuando recibe demasiada atención si no come, -aunque sea para regañarlo-, se reforzará esa conducta. Recuerda que todo lo que le proporciona atención, lo repetirá.
e) En base a lo anterior, lo recomendable es que le “anuncies” a tu hijo que de hoy en adelante simplemente le servirás su comida, y si no termina cuando todos lo hayan hecho, le retirarás el plato y tendrá que esperar hasta la cena. ¡Y cúmplelo!. Cuida de no darle golosinas en la tarde. Probablemente inconscientemente te ponga a prueba para saber si es cierto, y repita esa conducta por varios días. Resístete a dar sermones y peroratas al respecto y simplemente cumple. Verás que las cosas cambiarán.
m) Involucra a tu hijo en el proceso de elegir el menú de la semana. Siéntense cómoda y agradablemente a escribirlo. Si ya sabe escribir, permite que él lo haga, y que también tome parte en la elección de los platillos para cada día de la semana. En la mañana mientras se arregla para ir a la escuela o mientras lo llevas, comenta sin darle demasiada importancia, que ahora toca tal cosa, según la tabla que él escribió y ayudó a formular.
m) Si lo tienes, quita ya el mal hábito de ver la televisión a la hora de comer. El porqué me parece tan obvio que no me extenderé en hablar de eso.
m) Revisa si antes de la comida ingiere golosinas. Aunque sea una pequeña, le quitará completamente el apetito, y más aun si es dulce.
m) La congruencia de los padres es necesaria para desarrollar los buenos hábitos alimenticios de los niños. Si los padres no comen frutas y verduras, si toman refrescos cargados de azúcar todos los días, etc., no pueden esperar que sus hijos lo hagan diferente.
j) Por ningún motivo uses premios, castigos ni agresión física o psicológica para lograr que tu hijo coma. Eso jamás resolverá la situación y sí creará tanto en ti como en tu hijo, una desagradable predisposición hacia la comida y la hora de comer. Con frecuencia, el haber crecido viviendo castigos, premios o violencia a la hora de comer, establecerá patrones insanos de relación con la comida que pueden perpetuarse por muchos años o incluso, para toda la vida.
k) Si tu niño tiene falta de apetito, pero es activo, juega, corre, seguro se trata sólo de una etapa. Pero si además de no querer comer está decaído, parece triste o presenta otros síntomas como diarrea, vómito, fiebre, entonces será necesario llevarlo con el pediatra de inmediato.
l) Si la falta de apetito de tu niño dura más de un mes, puede deberse a la falta de alguna vitamina o mineral. Los médicos aseguran que si la madre sufrió anemia durante el embarazo, el niño probablemente tenga bajos niveles de hierro y zinc, lo cual provoca pérdida de apetito. En este caso, también será indispensable acudir al pediatra.
m) Siempre ten en cuenta que el tamaño del estómago de tu hijo es como el puño de su mano, o un poquito más grande. El tener conciencia de esto te ayudará a evaluar si tienes expectativas muy altas en cuanto a la cantidad de comida que esperas que tu hijo ingiera, para considerar que ha comido bien.