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¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN POST-PARTO?


¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN POST-PARTO?

 

 

Hace poco, un padre primerizo me suplicó desesperado que le recomendara qué hacer para ayudar a su esposa, quien desde que nació su bebé, dos meses atrás,  lloraba todo el día, se desesperaba muy fácilmente con las tareas de su cuidado y luego sentía una enorme culpa y se recriminaba por ser una mala madre… “la peor madre del mundo”, se describía a sí misma. Este círculo vicioso terminaba siempre en llanto que podía durar horas, y no había poder humano que la consolara.

 

Es muy importante que el esposo, la esposa y sus familiares, comprendan lo que significa la crisis emocional que la mayoría de las mujeres enfrentan después de tener un bebé, y que aunque parece ser más intensa con el primer hijo, es posible que se presente en cada parto. Generalmente sucede dentro de los primeros 6 meses, pero puede alargarse; y aunque en algunas mujeres alcanza niveles más marcados que en otras, siempre es necesario comprenderla, enfrentarla y buscar la ayuda necesaria para superarla.

 

Los factores que causan esta crisis son físicos y también psicológicos.  Los físicos se deben a los intensos cambios hormonales que se presentan durante el embarazo, el parto y después de este, que inciden directamente sobre las emociones; los psicológicos tienen que ver con todos los sentimientos que se despiertan con semejante compromiso, que se adquiere prácticamente de la noche a la mañana cuando nace el bebé y transforma la vida por completo.

 

La madre suele sentirse sumamente culpable por todo lo que siente y piensa durante la depresión post-parto, porque es muy fuerte. Puede experimentar rechazo hacia su bebé y hasta tener dificultad para sentir amor hacia él; también puede sentirse esclavizada, añorando la época donde podía dormir, hacer, ir y venir libremente. Esta sensación de esclavitud, se incrementa con un pensamiento que generalmente la acompaña: “¡Esto va a ser para toda la vida!”  Puede además experimentar miedo y dudas respecto a si será capaz de cumplir con su rol de madre de manera adecuada. Una hermosa y joven madre me decía con vergüenza, que las 5 primeras semanas de vida de su bebé, se decía a si misma constantemente: “¡en qué me metí!”  “¡en qué me metí!” “¡en qué me metí!”.  Pocas cosas en la vida generan más culpa y vergüenza a una madre, que reconocer que siente todo eso respecto a su bebé. Debido a ello, muchas se lo callan para no ser juzgadas o criticadas por su esposo, familia o amigos, lo cual dificulta aun más el proceso de superación de esta etapa.

 

Para colmo, el estrés y la angustia de ella generan inquietud en el bebé, lo cual provocará que este llore sin motivo aparente, esté inquieto, y despierte más durante la noche, todo lo cual incrementará el cansancio y desesperación de la madre.

 

¡”Pero si se supone que los hijos son una bendición y uno debería estar muy feliz, ¿por qué me siento as?!” me decía una madre primeriza cuya pésimamente manejada crisis de post-parto, había durado ya más de dos años.   

 

La culpa que todos estos sentimientos y pensamientos provoca, a veces permanece durante toda la vida. Las madres debemos comprender que todo lo que en aquel momento de nuestra crisis de post-parto  pudimos haber sentido y pensado, no nos hace malas en lo absoluto.  Es una reacción completamente normal y no tiene por que ser juzgada y recriminada. Debemos tenernos misericordia y entender que en realidad no hay nada que perdonarnos, porque no somos culpables.

 

La nueva madre, necesita apoyo físico y emocional de su familia y de su marido, quienes nunca deben juzgarla por lo que siente. Generalmente esta crisis se soluciona por si misma, en la medida que se restablece el equilibrio hormonal y la madre va adaptándose a los radicales cambios de su nueva vida. Cuando no se resuelve por si misma, o si la madre lo siente necesario, es importante apoyarla para que reciba ayuda profesional -ginecológica y psicológica-, para superar su crisis. 

 

No cabe duda que el embarazo, el parto y la maternidad en si misma, son experiencias muy fuertes y a veces difíciles, pero tampoco hay duda de que estas vivencias traen consigo también la “otra parte”: la hermosa experiencia de ser madre.

 

 

 

 

 

 

 

 

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